“Lo que ha cambiado no es el tipo de actividades en que participa la humanidad, lo que ha cambiado es su capacidad tecnológica de utilizar como fuerza productiva directa lo que distingue a nuestra especie como rareza biológica, eso es, su capacidad de profesar símbolos” Manuel Castells.
El Hombre es un ser histórico que se hace y rehace constantemente, de tal forma que, la conciencia del inacabamiento que tiene de sí, que parece insuperable, y enmarcada por esa permanente curiosidad, ha hecho posible la apropiación del mundo a través de la búsqueda permanente de conocimiento. Así por ejemplo, desde mucho antes de que emergiera el lenguaje en la evolución de los homínidos, éstos han tenido la necesidad de comunicarse con los demás, de expresar pensamientos, ideas, emociones, de dejar huella de sí mismo, que sirviera como fuente de información para sus hijos y futuras generaciones. Dicho de una manera más escueta: la creación, búsqueda y obtención de la información son parte esencial de la naturaleza humana, y es por esto que, los medios de comunicación y las tecnologías de la información han desempeñado un papel relevante en su historia.
Por esto, la apropiación de la información le ha permitido al hombre generar procesos de construcción de conocimiento; ese mismo que le permitió aplicar la invención de la rueda, en la construcción de medios de transporte cada vez más avanzados. Asimismo, de la mano de la evolución de las tecnologías de la información y la comunicación, es como, las sociedades y su cultura sufren también reconfiguraciones según el contexto histórico en el que se encuentran, hasta llegar a un punto dónde es el conocimiento y no la información el motor principal de la transformación de la economía de los pueblos, y la inteligibilidad del mundo lo que abre la posibilidad de la transmisión o difusión del conocimiento, en espacios antes inimaginados.
Hoy en día, es el conocimiento como producto interno bruto de un país, es decir, las actividades productoras de conocimiento, quien reclama un estatus dentro de la sociedad, y la gestión del mismo, promueve escenarios cada vez más competitivos para el hombre, espacios que exigen un cambio de pensamiento, de tecnologías, de intereses económicos, lenguajes e incluso cambios en el diseño de políticas, que garanticen dentro de la esfera pública, la posibilidad desde los diferentes subgrupos que conforman la sociedad, de acceder al conocimiento en una sociedad de la información.
Un punto clave, en la gestión adecuada del conocimiento, debe centrarse en la educabilidad del hombre en un mundo globalizadoramente excluyente y cada vez más neoliberal. Si se mira la educación del hombre desde la comunicación según Jesús Martín Barbero, el comunicar es compartir la significación, participar es compartir la acción; y la educación sería entonces el decisivo lugar de su entrecruce, es decir, la significación de las nuevas tecnologías deben ser integradoras y multiplicadoras desde la escuela, permitiendo subsanar de pronto muy utópicamente los problemas de cobertura de dichas tecnologías en países en desarrollo como el nuestro, ya que, la cuestión está en la capacidad de la población para hacer uso de los medios y la tecnología, y ésta a su vez depende de la accesibilidad de la información y de los niveles de educación de la población que la dotan de habilidades y demanda por uso de dicha información; por eso, “no basta con ser sólo usuarios del conocimiento”, y darle ventaja al hecho de que, el conocimiento sea abundante, pero la habilidad de usarlo escasa.
Ahora si se piensa al conocimiento como un agente de cambio de beneficio de una sociedad, pues también hay que pensar en la difusión de ese conocimiento como una forma de reconocimiento, retroalimentación, participación, divulgación, producción e innovación científica como un bien público que otorga un beneficio social. Justo aquí, es dónde surge el concepto de red, como un nuevo esfuerzo del hombre por comunicarse y transmitir ideas.
El conocimiento comienza entonces a tejer una telaraña dotada de una estructura. Grandes redes como el Internet, que ya no se constituye sólo como el medio para obtener información, sino como un espacio de interrelación social en tiempo real, es sobre la cual se va a ir transformando la economía, adaptada a una nueva economía centrada en el conocimiento, dónde las nuevas tecnologías de la información y la comunicación son el catalizador de la transformación, de la sociedad de la información en sociedad del conocimiento, y el uso de estas tecnologías y no su producción es lo que va a determinar el desarrollo de la misma.
El tejer estas redes de conocimiento es un proceso dinámico, que promueve sistemas inteligentes con capital humano, a través de los cuales se trascienden las fronteras culturales, del lenguaje, del espacio físico, del tiempo e incluso gestiona una nueva cultura de trabajo, por medio de la vinculación de diferentes y diversos especialistas de diferentes latitudes. Estas redes representan una forma universal de crear ideas, buscar e intercambiar información vinculada a la solución de problemas de una sociedad en particular, abrir espacios de discusión, comunicar y planear, debatir y desarrollar procesos culturales, divulgar avances científicos, pero sobretodo las redes de conocimiento son un mecanismo de educación pública que permiten la participación de todos los niveles de la sociedad que tengan acceso a la tecnología como lo plantea Elsa Beatriz Acevedo.
La valoración del conocimiento individual a partir de las redes de conocimiento, permite la mutabilidad o afianzamiento del mismo y el aprendizaje permanente de los usuarios de estas redes del conocimiento. Pero sus hilos, no se limitan a fortalecer los lazos del conocimiento, sino que se plantean como una maravillosa experiencia de valores, o como dice Elsa B. Acevedo, las redes representan una interesante práctica de convivencia y tolerancia virtual.
El poder de convocación de estas redes del conocimiento es inmenso y puede ser riesgoso, sino se gestiona con responsabilidad y veracidad. La promoción del pensamiento, de las emociones y la revelación de su papel político dentro de la sociedad en la que se desenvuelva el hombre, genera impactos en la construcción y transformación de la conciencia ciudadana, y el papel de los medios masivos de comunicación virtual para tal fin.
Si bien es cierto que la innovación de estas nuevas tecnologías o también llamadas nuevas sociedades virtuales son importantes en el desarrollo de una nación, no se puede desligar del desarrollo tecnológico y científico el papel del factor humano, puesto que, es en él donde reside el conocimiento, que circula, se resignifica, y se moviliza en nuevas dinámicas sociales, hasta ahora ideales.
Gracias Zuleyka por compartir tus reflexiones en relación al tema del curso, hacerlo público nos posibilita ser interlocutores que construyen redes.
ResponderEliminarTe he incluido en el grupo de la Maestría en Educación cohorte 2009 para que otros tengan la posibilidad de conocer las inquietudes que te asaltan.
Gracias por sus aportes tan valiosos, realmente nutren mucho mi praxis educativa.
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